Hoy me asomé al abismo…
Sí, ¡aquel precipicio que me aguardaba hacía casi un año!
Era tarde, el sol entraba en su ocaso y las hojas verdes coreaban el susurro apacible del viento.
Fue tan fácil dar la vuelta, caminar despacio, respirar pausadamente acercándome poco a poco al borde. Me cobije a la sombra tenue de unas ramas dispersas y alborotadas; y ahí esperé…
Hasta que la conciencia me despertó y decidí salir de la sombra y enfrentar el vacío.
Me adentre en el abismo y me perdí algunos instantes, armando rompecabezas y derrumbando mentiras, excavando en los cimientos para encontrar la verdad. En realidad fue fácil, siempre había estado conmigo, solo la había ignorado. Al salir me sentí segura, tranquila. El abismo quedó atrás y ya no he de temerle.
Tome un profundo respiro para guardar el perfume del aire que me envolvía en ese momento y evocar ese recuerdo la próxima vez que lo huela.

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