martes, 24 de mayo de 2011

Un Beso...

…hoy he de besarte
con la sabiduría de los años,
que trae destreza engalanada de arte,
con besos solitarios o en rebaños.

Con las ansias sacrílegas, brutales,
de que el César romano nos dio ejemplo
desflorando las vírgenes vestales
sobre el altar del templo.

Con la fuerza salvaje
de Gengis Kan y de sus hordas fieras,
poblando de desnudos el paisaje
entre pirámides de calaveras.

Será un beso tabú, jamás prohibido
a Faraón egipcio, a Inca peruano,
de perverso placer, distribuido
sobre la hermana amante del hermano.

Un beso desbordando la violencia
del vikingo al asalto a sangre y fuego;
beso sin ley, sin culpa, sin conciencia,
sin doblegarse a súplica ni a ruego.

He de besarte con la furia insana
del sacerdote azteca, que al cautivo
rasga el pecho con hoja de obsidiana
para extraerle el corazón aún vivo.

Ven, y te besaré en la ambivalencia
de la agresividad y la ternura,
de la obsesión tenaz y la inocencia,
de la serenidad y la locura.

Beso de intensa dualidad completa
amasada de músculo y de idea,
beso que arrulla, satisface, inquieta,
parece destruirte, y te moldea.

Bésame tú también como te beso
desde nuestra experiencia de la vida,
con suavidad, con furia, con exceso,
con ese beso que jamás se olvida.

Francisco Álvarez Hidalgo.

Enero 22, 2008

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