Cuando no puedes vivir con la duda, cuando todo en tu cabeza puede ser obra de la imaginación, cuando a pesar de las palabras y demostraciones de afecto; aun queda un nudo en la garganta y las lagrimas asoman al borde de los ojos… Te quedan dos caminos:
Enterrar el pasado en la mente, trasponerlo a un final feliz, con el cual la verdad amarga se vuelva historia dulce.
La alternativa es esclarecer los hechos con pruebas en la mano, enfrentándolas al verdugo, reclamar las piezas faltantes y así completar la historia que ha de destrozar la confianza y los corazones en que habita.
Alguna vez pregunte por el precio que se paga por la intimidad… hoy la pregunta es:
¿Cuál es el precio que se paga por la tranquilidad?
Abril del 2006.
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